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Mito-lógicas de la mirada posmoderna

Después de las afirmaciones de Sartori en Homo Videns cuando afirma que: “la televisión modifica radicalmente y empobrece el aparato cognoscitivo del ser humano”1 quisimos profundizar sobre el tema de lo audiovisual y, en particular, la televisión en tanto medio estrella de la sociedad mediática a quien se la cuestiona permanentemente como causante de la involución epistémica del sujeto mediático.

Desde nuestro punto de vista, frente al fenómeno establecido y sus consecuencias, parecería estéril seguir discutiendo sobre si es mejor o peor, buena o mala, si eleva o achata. Si lo hace ya lo hizo y quizás indagando las razones profundas de su impacto se podría capitalizar su capacidad de llegada y descubrir las nuevas formas de comprender, conocer y saber del sujeto mediático.

La tesis de nuestra investigación es que con el auge de lo audiovisual el hombre -devenido en animal sígnico- ha perdido la capacidad de simbolizar, con todas las consecuencias que esta pérdida implica en términos culturales, cognoscitivos y sociales. Muchos son los autores que se refieren a la televisión con las más variadas reflexiones. En efecto, mientras que Bourdieu asegura que: “es un instrumento de comunicación poco autónomo”,2 Piscitelli sostiene duramente que: “la televisión no es ni siquiera un medio de incomunicación. No está entre nosotros y la realidad, [...] es un operador social totalizante e irrefrenable”.3 Regis Debray, por su parte, afirma que con la televisión “se rompe el viejo cara a cara entre el ojo y lo visible, cada uno en su sitio, que presuponía la distinción entre la cosa y su imagen, el hecho y la huella”.4 Algunos la condenan afirmando que destruye la unidad y el diálogo familiar; otros -desde otro punto de vista- minimizan la condena aseverando que: “cuando la televisión se convierte en un recurso frecuente para evitar o interrumpir la comunicación familiar, ello debe interpretarse como un síntoma de desequilibrio familiar global y no como una conducta aislada”.5

El paradigma racional del conocimiento moderno parece haber cedido paulatinamente a una nueva visión de mundo en la que lo complejo, lo imprevisible y lo indeterminado tienen cabida. Una nueva visión del mundo a la que, ciertamente, no es ajena la estética televisiva en tanto que centro y fuente de la sociedad mediática. Lo visual contra la imagen. Interesante diferencia que hace Regis Debray quien sostiene que: “estábamos delante de la imagen y ahora estamos en lo visual. Forma-flujo que no es ya una imagen para contemplar sino [...] ruido de los ojos”.6 Para el autor, la imagen “muestra” por ser objetiva, mientras que lo visual “crea” la imagen con los ojos de la hegemonía dominante.7

En este sentido, cada época organiza sus modos de ver y su saber en torno al modelo dominante y como consecuencia de esta nueva visión de mundo, se produjo -o se está produciendo aún- un cambio en la organización visual que impacta necesariamente en las formas de conocer.

El pastiche posmoderno y la esquizofrenia cultural han sumido al joven posmoderno en una ilusión peligrosa: la de creer que “vive el hoy”, que “se-di-vier-te-y-no le-im-por-ta-na-da”. Sin embargo, los jóvenes posmodernos viven la angustia terrible de carecer de utopías, se saben llevados de las narices pero no aciertan a descubrir por quién o quiénes, no saben para qué y por qué estudiar, son una aguja de brújula que no acierta a dar con el norte de sus vidas.

Al analizar las implicancias epistémicas y conceptuales en los discursos educativos, Alicia de Alba (1999) cita a Jameson, quien postula que “el pastiche es una parodia muerta, parodia que ha perdido el sentido del humor” y a Baudrillard quien, por su parte afirma que: “no más histeria, no más paranoia proyectiva sino este estado de terror propio del esquizofrénico demasiada proximidad a todo, la sucia promiscuidad de todo cuanto toca, sitia y penetra sin resistencia, sin ningún halo de protección privada, ni siquiera su propio cuerpo para protegerlo. El esquizofrénico queda privado de toda escena, abierto a todo a pesar de sí mismo, viviendo en la mayor confusión. Lo que le caracteriza no es tanto la pérdida de lo real, los años luz de separación de lo real, el phatos de distancia y separación radical, como suele decirse, sino muy al contrario, la proximidad absoluta, la instantaneidad total de las cosas, la sensación de que no hay defensa ni posible retirada. Es el fin de la interioridad y la intimidad, la excesiva exposición y transparencia del mundo lo que le atraviesa sin obstáculo. Ya no puede producir los límites de su propio ser, ya no puede escenificarse ni producirse como espejo. Ahora es sólo una pura pantalla, un centro de distribución para todas las redes de influencia”.

La educación -dice Bourdieu- es quien legaliza los saberes legitimados ya por la cultura dominante y es, desde nuestro punto de vista, quien debe tomar el toro por las astas y más que incluir los medios como meros dispositivos que asistan a la enseñanza tradicional y libresca, debería empezar a alfabetizar audiovisualmente, otorgando a las generaciones jóvenes armas para moverse en un mundo incierto y controvertido, jóvenes generaciones que manejan el lenguaje televisivo pero desconocen sus reglas. Se trata, en definitiva, de aunar esfuerzos para que imagen y palabra sean suma y no resta.

Este texto corresponde a la síntesis del Trabajo Final Integrador realizado para la obtención del título de Especialista en Diseño Comunicacional.

Notas
  1. Sartori, Giovanni, Homo videns. La sociedad teledirigida, Madrid, Taurus, 1998. []
  2. Bourdieu, Pierre, Sobre la televisión, Barcelona, Anagrama, 1998. []
  3. Piscitelli, Alejandro, Post/televisión. Ecología de los medios en la era de Internet, México, Paidós, 1998. []
  4. Debray, Regis, Vida y muerte de la imagen. Historia de la mirada de Occidente, Barcelona, Piadós, 2000. []
  5. Aguaded, José Ignacio, Convivir con la televisión, Barcelona, Paidós, 1999. []
  6. Debray, Regis, Op. Cit., Cfr., p. 235. []
  7. Ibídem, Cfr., p. 255. []

DICOM Maestría en Diseño Comunicacional | FADU Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo | UBA Universidad de Buenos Aires